Actividades Extraescolares

Atrás quedaron los tiempos en que salíamos del cole, recogíamos el bocadillo en casa e íbamos a jugar con los amigos y vecinos a la calle. Entonces, los niños aprendíamos a socializar jugando.

Hoy en día, muchos padres tienen la obsesión de convertir la vida de su hijo en una carrera de fondo que empieza ya desde el primer año de cole. Idiomas, piano, gimnasia rítmica, karate, robótica, ajedrez, fútbol y un sin fín más de actividades extraescolares pueden hacer la vida de nuestro hijo una experiencia estresante desde su más tierna infancia. Convertimos a nuestro hijo en un pequeño ejecutivo con agenda incorporada.

Jugar no es perder el tiempo

Jugar no era, ni es, perder el tiempo. Es algo fundamental para el aprendizaje, una inversión de futuro. Porque el tiempo de juego es ese en el que el niño digiere, interioriza y pone en práctica, lo vivido y los conocimientos recibidos.

Superar la frustración sin derivarla en agresividad es algo que se aprende de forma espontánea cuando un niño corre poco y el grupo no lo elige para jugar al rescate. Se aprende a dilatar la gratificación cuando el niño debe esperar su turno para jugar en el grupo. Haciendo torres y construcciones de bloques que se caen, se aprende espontáneamente la ley de la gravedad.

La carencia de tiempo libre de juego tiene consecuencias indeseables. Aunque nuestro hijo comparta juegos con sus amigos en las actividades extraescolares y complementarias, adquiere una socialización que se da en entornos reglados.

Como consecuencia, podemos encontrarnos con niños planificados, dirigidos por adultos, que no saben qué hacer y se aburren si alguien no les organiza el tiempo o el juego, tienen poca capacidad de decisión, escasa creatividad y nula propensión a inventar o descubrir, y les resulta difícil relacionarse, negociar con sus iguales, trabajar en grupo, autorregularse o resolver sus problemas solos.

Encontrar el equilibrio

Actividades extraescolares,¿sí o no?. Desde que los niños empiezan la educación infantil, muchos padres estamos cada año con este dilema. Y es que hay muchas cosas que conjugar en la elección de una actividad complementaria: el gusto del niño, los horarios de la actividad y de la familia, el costo, etc. Encontrar el equilibrio no es fácil.

Es innegable que las actividades extraescolares suponen un elemento fundamental para la conciliación familiar. Cuando los padres necesitan que su hijo alargue la jornada escolar con otras actividades, deberían negociar con él algo que resulte gratificante para el niño y sea lo más lúdico posible, sin exigencias de nivel, diplomas, medallas o cinturones. Cada actividad extraescolar no es nociva en sí misma, sino el llevarla a la saturación.

Paralelamente, podemos considerar la idea de montar un red con familia, vecinos, amigos u otros padres para quedar en el parque, o en alguna casa, al menos una tarde a la semana, para que los críos jueguen libremente.

Liberar el fin de semana es también una estrategia para disponer de tiempo libre sin estrés. Y aunque no sea posible salir a pasear por el mal tiempo, aburrirse no es malo. Del aburrimiento surge la creatividad para desarrollar nuevos juegos o actividades con qué entretenerse.