Comunidades de aprendizaje: encuentros entre familias y profesionales más allá del ámbito escolar de un centro

Las comunidades escolares hacen referencia a momentos de encuentro más allá del ámbito exclusivamente escolar dónde tanto niños como familias se dan la oportunidad de nutrirse de conocimiento compartido en favor de una crianza basada en la experiencia común.

Importancia de la creación de Comunidades de Aprendizaje

La importancia de formar parte de una red, que aporte sostén a las familias y además las nutra con información relevante, es esencial al hablar de educación.

El rol de las familias en los procesos educativos de los niños

Es necesario hablar del papel que juegan las familias y otros profesionales para que cada uno encuentre lo que ha de aportar a la red de personas que comparten un tema en común: la educación del niño.

Ambas partes, tanto escuela como familia, están unidas en un viaje conjunto en torno al niño, y muchas veces, delegar esa responsabilidad en la institución resta oportunidades de crecimiento personal y al mismo tiempo a la comunidad educativa donde se pertenece.

«El más influyente de todos los factores educacionales es la conversación en el hogar del niño»

– William Temple –

Al pensar de forma global en el grupo de personas que comparten intereses —en este caso, la crianza y educación de los hijos—, se crea un vínculo invisible donde todos aportan, bien sean preguntas e ideas que se proponen, bien sean datos e información logística sobre el funcionamiento específico del entorno en que se ubica dicho equipo humano.

Desde los centros escolares esto se suele trabajar en reuniones conjuntas de inicio y fin de curso escolar, y a lo largo del año académico en encuentros individuales entre el profesional docente y la familia.

«El propósito general de la educación es convertir espejos en ventanas»

– Sydney J.Harris –

¿Qué beneficios aporta crear esa red humana?

Ya es un hecho conocer que la forma en la que aprende nuestro cerebro es en cierta manera, gracias a las conexiones entre neuronas, entonces, el gran reto es aprender a conectarnos unos a otros para generar no solo informaciones sino acciones que aporten y sumen a la comunidad o barrio o ciudad donde se habita.

A pesar de que para muchas familias la logística cotidiana es muy intensa, como vimos en artículos anteriores, el ritmo diario regula y marca las acciones del día a día, es de vital importancia estar en una estrecha comunicación no sólo con los profesionales educativos que se vinculan con el niño, sino también con las otras familias del entorno más cercano.

Agendar reuniones de escuela y tutorías con el maestro forman parte de las responsabilidades a cubrir cuando uno asume la idea de escolarizar a los hijos, pues es el canal directo de compartir información y poner en común pautas de trabajo en los dos ambientes relacionados con el niño: casa y escuela.

Sin embargo, a menudo se pasa por alto otro punto a tener presente: el poder dedicar una parte de tu tiempo de madre-padre, al encuentro con otras familias. Es así como creamos la red interpresonal y poco a poco podemos crear sentimiento de pertenencia a una comunidad.

Todos aprendemos algo nuevo cada día, y esto es gracias al encuentro y la comunicación que aligera nuestros “pesares individuales” y los convierte en algo que es frecuente en el entorno crianza, educación, y crecimiento personal.

Incluso, a la hora de compartir se van creando vínculos socioafectivos entre los adultos, y esta parte es muy relevante en los tiempos actuales, donde cada vez es más frecuente que las familias están lejos de abuelos y parientes cercanos que pudieran echar un a mano en la crianza de los más pequeños.

La conciliación familiar es una utopía para muchas familias. Es realmente una labor crear estas comunidades.

La comunidad de aprendizaje es para los niños en edad escolar ¿cierto?

¡Gran error! Pensar sobre educación ha de abrirnos la mente hacia un contexto más amplio, eliminando la idea de aprendizaje solamente en un contexto escolar, y acercándonos más hacia una nueva mirada: aprendizaje para la vida.

«La Educación no es preparación para la vida, la educación es la vida misma»

– John Dewey –

Desde que un bebé nace en la Tierra, embriológicamente lleva un camino de desarrollo de unos meses previos, se siente nutrido por su madre, padre, y demás familiares cercanos —incluidos los grandes amigos que ya son como parte de las familias—.

Para que el éxito en sus cuidados sea real, la familia ha de nutrirse también en cuidados e informaciones de su interés que les apoyen y resuelvan inquietudes que van surgiendo en este nuevo rol de padres.

Entonces, tomamos nota

Es básico encontrar una red cercana de apoyo en el preciso instante en que sabemos que somos responsables de alguien más: un niño.

En ocasiones, sentirnos escuchados es un complemento básico que satisface necesidades adultas y de ese modo, los adultos ofrecen tiempo de calidad a su entorno.