Maternidad

“¡Tengas hijos!”, es la extraña frase que me fue espetada por una jefa enfadada cuando yo aún no era madre. Y es que muchas cosas se entienden en retrospectiva cuando ya eres madre, y resulta simplemente imposible dimensionarlas antes, para lo bueno y lo no tan bueno. Porque es difícil hablar de la maternidad con autoridad sin ser madre.

Por mucho que nos quieran vender el modelo de mujer madre y trabajadora exitosa, la realidad de la maternidad es que te lleva constantemente a renunciar. Algunas renuncian a sus hijos, otras a su vida, o al tiempo distendido de intimidad con la pareja, o a sus amigas, o a hacer deporte. Cualquier mujer que decide ser madre lo es a costa de renunciar.

Porque, convengamos que la maternidad se nos presenta como un cuento de hadas en donde la felicidad es luminosa y permanente. Y donde la vida sigue igual de guay que antes, pero con un adorable bebé en brazos.

Realidad vs. expectativa

Nuestras madres y abuelas lo tenían claro, o eran educadas para tener claro. Su realización como persona pasaba, en gran medida, por ser madre. La gran mayoría de ellas no se habían incorporado aún al mercado laboral y no tenían ambiciones profesionales.

Sin embargo, las mujeres de nuevas generaciones tenemos un plan más ambicioso, y no hay nada de malo en ello. Hemos ensanchado nuestra mirada personal y profesional, pero creo que no hemos llegado a comprender que el día seguirá teniendo 24 horas, aun a pesar de todos los logros que alcancemos. Y lo digo, porque las mujeres seguimos siendo responsable de la casa y de los hijos seamos (o no) destacadas profesionales.

Ocurre también que muchas mujeres que han alcanzado altos grados de satisfacción en su profesión tienen la expectativa de que la maternidad las convertirá en una madre feliz. Cuando la realidad es que el éxito laboral dá calidad de vida y los hijos nos dan trascendencia. Se trata pues de “felicidades” completamente diferentes, absolutamente respetables, pero al mismo tiempo incompatibles para muchas mujeres.

¿Dónde está la felicidad de ser madre?

Ser madre es una experiencia abrumadora, sobre todo al comienzo. El parto, la lactancia, los lloros del bebé y todo lo que conlleva la primera etapa de la crianza nos llevan, muchas veces, al límite. Y sin embargo, ese recorrido nos transforma como personas, ahora madres, cambiando nuestro paradigma de lo que es ser felices.

Es una metamorfosis a veces brutal, a veces suave, pues admite tantos matices diferentes como diferente es cada mujer que lo experimenta. Y que esa transformación se complete antes o después también depende de cada persona, de su capacidad para sobrellevar (o resistirse) la nueva situación encarando la vida como etapas.

La felicidad de ser madre no es un continuo. Son momentos fugaces, como la primera sonrisa del bebé; a veces íntimos, a veces compartidos con otras personas. Pero es innegable que elegir libremente la maternidad implica descartar otras opciones. Sin embargo, la maternidad te alienta a ser la mejor versión de tí misma para tu hijo, y ser mejor persona siempre compensa.