Hace 20 años que aparecieron los primeros transgénicos, OGM en adelante, y aún hoy su cultivo en Europa es restringido. Argumentos como la pérdida de biodiversidad, los peligros que suponen para la salud, los escasos estudios independientes que avalen su autorización y la falta de ventajas para las personas son algunos de los argumentos más comunes en el debate sobre transgénicos sí o transgénicos no, pero ¿realmente son perjudiciales?

Fernando Daniel Saz, coordinador de Ecologistas en Acción de Cataluña y miembro del Área de Soberanía Alimentaria, Agroecología y Mundo Rural, lo tiene claro: “estamos en el paleolítico todavía de la transgenia, nos la quieren vender como si fuera algo perfecto y está llena de fallos e incertidumbres”.

Pérdida de biodiversidad por el cultivo de transgénicos

Desde la ciencia, José Miguel Mulet, doctor en bioquímica y autor del libro Transgénicos sin miedo, defiende la manipulación genética en plantas, animales u otros microorganismos con el fin de perfeccionar sus propiedades a partir de la transferencia artificial de un gen, ya que para él “pocas cosas son más naturales que la ingeniería genética puesto que se basa enzimas que se encuentran en la naturaleza”.

Atendiendo a la pérdida de biodiversidad, Mulet explica que “una vez decidimos sembrar un campo, el mal a la biodiversidad ya está hecho, sea transgénico o no”. Añade “que el simple hecho de meter la azada en el suelo para sembrar, aunque sea de manera artesanal ya está destruyendo biodiversidad”, por lo tanto hasta la forma más tradicional de la agricultura puede destruir la biodiversidad.

Asimismo, argumenta la improbabilidad de propagación de genes de un OGM de la que hablan entidades ecologistas. Un argumento contrario es el que sostienen Fernando Daniel, quien asegura que “el principal problema de los transgénicos es que colonizan todo lo demás eliminando cualquier otro cultivo”.

Esta posible invasión de un transgénico sobre otro tipo de cultivos convencionales pierde fuerza puesto que la ingeniería genética ya contempla esta posibilidad a la hora de modificarlos y trabajan para que no suceda. Suponiendo que esto ocurriera, y sabiendo que ha ocurrido en algunas ocasiones, rápidamente se retiraría del mercado como ha sucedido en otros momentos.

En este mismo sentido, la Fundación para la Aplicación de Nuevas Tecnologías en la Agricultura, el Medio Ambiente y la Alimentación (Fundación ANTAMA), explica como uno de los logros de esta tecnología genética “la reducción del impacto ambiental al reducir el uso de fitosanitarios en 619 millones de kilos”, al cultivar maíz transgénico. Esta cantidad la entidad la compara como superior a todos los pesticidas aplicados durante un año en China.

Medioambiente y transgénicos

En cuanto al mantenimiento sostenible del medio ambiente relacionado con los transgénicos, Mulet plantea una reducción de la cantidad de agua utilizada en el regadío. Para ello, propone autorizar la comercialización de un cultivo resistente a la sequía, el cual ya existe, que supondría un ahorro de un 5% por ciento de agua de riego y que no afectaría al resultado final de la planta. Sin embargo, para Fernando Daniel, se trata de un argumento fallido ya que “lo que hay que hacer es frenar el cambio climático, atacarlo de raíz, no buscar este tipo de soluciones”.

Otra de las denuncias que se hace desde los organismos anti transgénicos es la falta de controles sobre estos productos así como la escasa independencia de la que gozan los estudios desarrollados para la autorización de un nuevo transgénico, realizados en su mayoría por la empresa que comercializa dicho producto, incluso “hay muchos estudios que directamente están copiados de la página web de Monsanto o hechos por ellos, por lo que la validez es cuestionable”, añade el coordinador de Ecologistas en Acción. Pero esto lo explica de la siguiente forma Mulet en su libro: “puede ser que sean las propias empresas las que pagan los estudios porque son ellas las que quieren autorizar el producto, pero la decisión final no depende de ellas, sino de entidades independientes como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)”.

Sin embargo, la visión cortoplacista de las empresas desarrolladoras de transgénicos deja la incógnita abierta sobre la inocuidad de los OGM en humanos, puesto que como apunta Fernando Daniel, “deberían hacerse estudios prolongados en el tiempo, a largo plazo para así comprobar el efecto que puedan tener el consumo reiterado de transgénicos”.

Una de las cuestiones fundamentales a tener en cuenta a la hora de tomar una posición a favor o en contra de los transgénicos son las ventajas que acompañan a estos OGM. Hasta ahora en España solo se cultiva el maíz transgénico MON810, beneficioso para el agricultor que ahorra en costes al no tener que invertir en herbicidas. Pero también existen otras variedades, que aunque por el momento no se comercializan, presentan ventajas saludables para el consumidor como el tomate rico en antioxidantes, el maíz para celíacos o el arroz con vitamina A.

El arroz con vitamina A, por ejemplo, aportaría mayor cantidad de nutrientes en esos lugares del mundo donde la dieta se basa, exclusivamente, en el arroz. O también podrían solucionarse la pérdida de cosechas por la sequía si se comercializaran los cultivos resistentes a ellas. Pese a que desde la ciencia se argumenta que los OGM podrían contribuir a erradicar el hambre en el mundo, el ecologista Fernando Daniel, lo ve de otra forma. Asegura que “el problema fundamental del hambre no está en la producción sino en la distribución, puesto que se produce tanto como para alimentar tres veces a la humanidad”.

Salud y transgénicos

Relacionado con la salud, el coordinador de Ecologistas en Acción reflexiona acerca de la posible resistencia a antibióticos por comer un gen resistente a ellos, un argumento extendido en la lucha anti transgénica, pero para Mulet esto es como “afirmar que por comer ternera te salen cuernos”. Además, según el doctor en bioquímica, ya no se utilizan antibióticos en la ingeniería genética porque se han encontrado otras alternativas más eficientes. Otro pilar sobre el que apoyar este fundamento es que la modificación que se hace del gen es mínima, siendo del 0,0002 por ciento de su genoma.

También hay que tener en cuenta que cualquier alimento que es ingerido tiene genes por lo que de una forma u otra se acaba comiendo genes, ya sean originarios del organismo o introducidos de manera artificial. Da igual la procedencia porque el final será el mismo, acabarán destruyéndose en el estómago, de tal forma que “tres minutos después de meternos en la boca un trozo de maíz o soja transgénica ya no queda rastro”, argumenta Mulet.

No todo es blanco o negro en el mundo de los transgénicos, y aunque no se trata de algo totalmente natural, no hay estudios concluyentes que demuestren su nocividad. Por tanto, hay que entender los transgénicos como una tecnología, como un avance que puede tener sus pros y contras, pero al fin y al cabo, no es más que una nueva práctica para cruzar especies introduciendo genes de unos organismos en otros, algo que ya se hace de forma natural con el injerto, con la diferencia de que ahora existe la posibilidad de elegir de qué propiedades dotar a estos organismos.

Un ejemplo de éxito en la plantación de OGM se encuentra en Bangladesh, donde, según el International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications (ISAAA), la comercialización de berenjena transgénica supuso “una disminución drástica de la exposición de los agricultores a pesticidas en los cultivos alimentarios de entre un 70 % y un 90 %”.